Erykah Badu no se reivindicó en el Primavera Sound

La humedad se extendió como una capa de escarcha cuando cayó la noche, mas nada cambió en el entorno de la primera jornada de los eventos corporativos del Primavera Sound. El público, no presente de forma masiva, distando mucho su cantidad de los llenazos que acostumbran a generarse en frente de los escenarios más grandes, ocupó de forma cómoda el circuito, dispersándose con regularidad sin llegar a aglutinar prácticamente ningún escenario. Solo el comienzo del concierto de Nas prometió una aglomeración, si bien la actuación del legendario recitador de Brooklyn terminó esponjando de forma desprendida la parte trasera de su anfiteatro. Ni siquiera Erykah Badu y menos todavía Future después, hicieron meditar en los grandes éxitos de afluencia del festival, que indudablemente van a llegar.

Erykah Badu era la primera de las grandes damas del cartel que este año ofrece el festival, y solo cabe aguardar que las que le prosiguen efectúen conciertos más contundentes que el suyo. De entrada lo tenía todo a favor, puesto que su voz, profunda y también imperfecta tal y como misma la define, transmite una tradición de negritud que hunde sus raíces en el blues. Mas lo que hace es soul, o bien neo soul, o bien como desee llamarse la tradición puesta al día, y esa voz conmueve. Tenía después a favor una capacitación con mucho acento rítmico, bajo de 6 cuerdas, batería y percusión, teclados, 3 voces y ausencia de guitarra, con lo que podía aguardarse justamente eso, una actuación profunda como una mina, espesa, carnal y teñida con graves. Su salida al escenario hizo meditar lo mejor, con un sombrero exorbitante y atractivo que recordaba, mas todavía más erecto, al que empleaba Hoss Cartwright en Bonanza, unas ropas y calzado 7 tallas mayor de lo supuestamente preciso y una mirada felina que amedrentaba. Sonó Hello y la noche pareció llegar al tuétano.Erykah Badu durante su actuación en el Primavera Sound 2019, en Barcelona.

Mas fue, tristemente, una impresión pasajera en aquel salon para eventos. A pesar de su bestialidad escénica y su presencia perturbadora, acentuada por una cadena que le pasaba bajo los ojos, Erykah fue completamente inútil de dar continuidad a su actuación, salpimentada con comentarios, introducciones demasiado largas temas, juegos de voces con las 3 voces que la acompañaban y un sinfín de distracciones sin substancia que torpedearon la actuación. Lejos de hundirse en las aguas de la tensión, el concierto nadó en la autocomplacencia. Es más, las aproximaciones que hizo a temas como On & On o bien Window Seat hicieron rememorar lo buenas que son estas piezas… en disco. Una lástima pues el contexto era ideal, poca gente y todavía menos borrachos, absolutamente nadie chillaba y ninguna despedida de solteros distraía de una mirada, la de Erykah, que al final resulto lo más desafiante de una actuación que dejó un retrogusto amargo.

Justo después, en el escenario opuesto de la explanada, el trap de Future cerró la noche en aquella zona, con un concierto sencillamente adecuado. De entrada, el recitador de la ciudad de Atlanta estaba algo afónico, inconveniente que no pueden permitirse ni los traperos ni los que trabajan en una tómbola. Después abusó con la fragmentación de los temas, expuestos en un visto y no visto interrumpido por instantes de vacío y encima unos bailarines le acompañaron en unas coreografías tirando a embrolladas. Así, los ojos terminaban de todas y cada una todas y cada una en la pedrería de Future, con más refulgentes encima que Tiffany & CO. Eso sí, los graves resonantes parecían herramientas de demolición, lo que llevó al público, tirando a escaso dadas las dimensiones del sitio, a botar reiteradamente a través de lo que es el paso franco en el baile del trap, esos botecitos como de atleta calentando que asisten a moverse físicamente sobre las ondas de los graves.

Y hablando de trap, el escenario comisariado por Yung Beef, ubicado aun alén de la zona electrónica a la que se accede por un puente que mientras que terminaba Nas y empezaban Guided By Voices prácticamente llega al colapso, el público no parecía del Primavera. De bien entrada la mayoría era nacional y su media de edad bajísima, pura chavalada. Todos se entregaban al primer conjunto de la noche, Goa, un dueto de España de emo-trap (traducción: charlan de sus inconvenientes en clave aproximadamente íntima con referencias a calmantes) que a pesar de las modestas dimensiones del espacio parecían estar actuando en Wembley. Y entre los espectadores Gaby Ruiz, directivo del festival, acompañado por su hija, quien sabe si llevado allá por ella o bien por la pretensión de introducirla en la que es la música de su generación. Cantaban algo poco sutil sobre un trasero y en el momento en que un tema terminaba se percibía el sonido de los escenarios lindantes, lo que sumía al personal en un masaje incesante que les proseguía aun a las cabinas de los lavatorios, decoradas tal y como si fueran una investigación de grabación con sus altavoces. Para el final quedó la traca, con Yung Beef en escena dando botes para cantar con Goa Guns N Roses, una pieza que han editado de manera conjunta. Puro desvarío en uno de los múltiples rincones de esta urbe de sonidos que es el Primavera Sound.

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